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jueves, 12 de septiembre de 2013

Los niños héroes

En el castillo de Chapultepec existía hasta hace poco  tiempo el Colegio Militar. A él ingresaban jóvenes que deseaban ser militares y como eran muchos estudios que les obligaban a hacer, permanecían en el colegio siete años. Así es que debían entrar muy jovencitos, de 12 a 13 años, cuando casi eran unos niños. No crean ustedes que entraban y salían, como sucede en la mayor parte de las escuelas; no, esos niñitos, dejaban su hogar, las caricias de sus padres, los juegos con sus hermanos, para ir a encerrarse en el Castillo y sólo salían los domingos que consagraban a sus familias.
Por supuesto que pronto se acostumbraron a esa nueva vida; tenían hermanos con quienes jugar, el cariño de sus profesores, un hermoso bosque donde corrían alegres diariamente y que  contemplaban con orgullo, con cariño, como si sus hermosos ahuehuetes constituyeran el nuevo hogar en que vivían; pero había algo  más querido para ellos entre todo eso: la bandera de nuestra patria.
Cuando entraban al Colegio, era lo primero que veían y diariamente juraban ante ella, velar por la patria que representaba.
Pues bien, un día al salir de sus clases para entregarse al recreo, a sus juegos favoritos que eran las canicas, el trompo, el burro todos los juegos a los que ustedes son afectos  (todos los juegos de los niños de esa época)  les llegó la noticia de que los soldados de otra nación habían entrado a México y pronto llegarían a Chapultepec. Dejaron los niños sus juegos y todos volvieron la cara instintivamente, como movidos por un resorte, hacia el lugar en donde estaba la bandera. ¿Se atreverían a arrebatársela??   …Y ellos,   los guardianes de ese símbolo sagrado ¿Permitirían tamaño ultraje??   ¡No, mil veces no!
Les dijeron que los soldados que venían, eran muchísimos, con buena artillería, caballos, etc., pero ellos no se atemorizaron y tomando las armas, con las cuales apenas podían, ocuparon el sitio que su jefe les designó, resueltos a esperar el ataque del invasor. Permanecieron así toda la noche, y en la madrugada del día siguiente, el centinela que estaba en la puerta del Castillo, niño de 13 años llamado Agustín Melgar, dio la voz de ¡Alto allí! ¿Quién vive?, a un grupo de soldados que avanzaban por la rampa del bosque. No obtuvo  contestación y volvió a gritar:  ¿Quién vive?, al ver el grupo aquel que apenas se distinguía en la obscuridad, avanzaba, avanzaba … El tercer ¿Quién vive?,  lo dio haciendo fuego sobre ellos, fuego que contestaron los soldados extranjeros. Hizo fuego otra, y otra vez,  ya disparaba su último cartucho, cuando una bala lo hirió en la frente matándolo en el acto. Cayó el niño en el momento en que el invasor llegaba al castillo y el jefe de ellos, al ver al niño, se arrodilló y descubriéndose respetuosamente, le dio un beso en la frente, exclamando sorprendido: ¡era una criatura Y no bien acababa de exclamar esas palabras, cuando otros niños, criaturas aún  como aquella, les salieron al encuentro, disputándoles el paso .
¡Nada hay comparable con aquel hecho sublime; ejemplo único en la historia del mundo, que México con orgullo ostenta!
Vimos a esos niños defender heroicamente a su patria, a su escuela, dando la vida ellos.
¿Y la bandera? ¡Salvada Uno de ellos, al ver que todo se perdía, la arrancó del sitio en que se encontraba y envolviéndose en ella, se arrojó desde uno de los muros más altos del Castillo, al bosque, para que los extranjeros no la mancillaran.
Los ahuehuetes, los árboles consentidos de aquellos niños inclinaron su cabeza, haciendo impenetrable el lugar en que cayó aquel niño con la bendita enseña nacional.

Desde entonces  al llegar esta fecha inolvidable, 13 de septiembre,  es luto nacional, en honor de los llamados Niños Héroes, que murieron defendiendo la fortaleza del Castillo de Chapultepec y la Soberanía Nacional pasando a la inmortalidad por su heroísmo, ante la invasión estadounidense comandada por el Gral. John Anthony Quitman, aquel 13 de septiembre de 1847, de ello habrán de cumplirse 166 años. En todos los confines de la República al pasar lista se dice: “                                                                                              Murió por la patria!!”
A continuación se realizará el pase de lista de los cadetes caídos en la defensa de la Patria.

Cadete    Juan de la Barrera, murió por la Patria;
Cadete     Juan Escutia, murió por la Patria;
Cadete    Francisco Márquez, murió por la Patria;
Cadete    Agustín Melgar, murió por la Patria;
Cadete    Fernando Montes de Oca, murió por la Patria;
Cadete  Vicente Suárez,    murió por la Patria.


Ahora, procederemos a guardar un minuto de silencio en la memoria de estos héroes.   (Banda de guerra)

domingo, 14 de abril de 2013

La Vorágine




La vorágine retrata el clima intelectual y político de la Colombia de los años veinte. Su afán por denunciar los problemas de las fronteras, como la explotación infrahumana o la locura, respondió a las inquietudes de la generación del Centenario, a la que perteneció José Eustasio Rivera. Aunque ya existían publicaciones denunciando las atrocidades de los caucheros blancos en las selvas del Putumayo muchas de las cuales fueron fuente directa de información para José Eustasio Rivera, La vorágine es la primera novela de denuncia social en la literatura colombiana mezclando la ficción y la realidad.5
La intención principal de la obra es plasmar una denuncia social de las condiciones de explotación y miseria a la que son sometidos los caucheros en lossiringales, de forma impactante pero sin caer en moralismos ni juicios de culpabilidad. Asimismo, los escenarios y culturas descritas son la expresión, a través de una visión poética, del conocimiento que adquirió el autor al participar en la Comisión Demarcadora de Límites de Colombia con BrasilVenezuelaPerú6
Es difícil establecer la cuota de veracidad en la historia de La vorágine, sin embargo se han identificado varias personas que incidieron en la creación de los personajes. El principal es Luis Franco Zapata un manizalita que conoció a José Eustasio Rivera en Orocué, en 1918, en donde se estableció tras huir de Bogotá con la joven Alicia Hernández. Adicionalmente, se han encontrado referencias históricas del coronel Tomás Funes, el comerciante de caucho Julio Barrera Malo y el cauchero Clemente Silva entre otros.
La redacción de la novela se llevó a cabo en Sogamoso, e incluso existen placas conmemorativas en el lugar donde fue escrita.
Fuente Wikipedia.